Arzúa na guía Galicia Enteira de X.L. Laredo Verdejo

Edicións Xerais de Galicia publicou en 1985 unha serie de 12 guías na colección “Guías montes e fontes” elaboradas por Xosé Luis Laredo Verdejo coa colaboración de Constantino Fernández Álvarez, Xosé María Laredo Verdejo e Efrén Vázquez Vázquez. O volume 8 (ISBN 8475071872) desta serie de guías, que leva o subtítulo “A Ulloa. Terra de Melide. Deza e Chantada” adica unhas poucas páxinas a Arzúa, no capítulo “de Lugo a Santiago”:

66 km (Marco 577 Km). ARZÚA é a cabeza dun concello (7.377 habitantes; 47,7 hab./Km²) basicamente agrícola e gandeiro, espallado polos fértiles valiños dos ríos Boente, Rendal e Brandeso, que enchen o encoro de Portodemouros. Os productos da terra comercializanse nunha importante feira-mercado que se celebra os días 8 e 22 de cada mes.

Como vila que atravesaba o Camiño Francés, tivo a súa importancia, da que queda lembranza no Códice Calixtino e na capela da Madanela, semiabandonada. Esta capeliña, obra do século XVII, garda a sepultura de Alonso Muñiz, o seu fundador.

Entre os variados e saborosos froitos desta terra de Arzúa, destacan os afamados queixos, que se ensalzan nunha falangueira feira ós comenzos do mes de Marzo.

Do centro de Arzúa sae unha estrada contra o Sur na dirección da Vila de Cruces (26 Km.) Este camiño ten un percorrido pintoresco por belas paisaxes deica a represa de Protodemouros. Alí atravesa o Ulla e empata coa estrada de Valboa á Vila de Cruces. Os 5 Km. de Arzúa veredes desde a mesma estrada o pazo de Brandeso.

O pazo de Brandeso é hoxe un edificio rectangular macizo con capela afastada e portalón de entrada moderno, resultado de reformar un antigo pazo señorial que, consonte a inscripción na capeta foi construído no ano 1.544. No beirado do edificio apuxeron coma adorno as almenas da antiga torre desfeita en 1908. Na capela están sepultados os fundadores, Fernán Montero de Mella e Inés de Villar e Aguiar. O nome deste pazo foi recolido por Valle Inclán para situa-los amores do marqués de Brandomín en “Sonata de Otoño”.

Promocionando Arzúa en 1972 con dous adhesivos

Compartimos hoxe dous adhesivos que, encargados por dous rapaces de Arzúa, en 1972, (Jesús Bendaña e Chicho Vidal) produciu a empresa Serigrafia Gallega (Álvaro Álvarez Blázquez) de Vigo. Unha delas co lema “Arzúa Terra do Queixo” e outra co de “Arzúa Centro da Galiza”. As dúas levaban a lenda “Feiras días 8 e 22”.

Consérvase a carta co presuposto para 500, 1.000 e 2.000 exemplares. A xulgar polas duas letras de cambio que tamén se conservan e que fan un total de 7.584 pesetas, parece que a tirada foi dunhas 500 unidades.

Arzúa, Terra do Queixo. Feiras día 8 e 22. De 5 x 22 cm
Arzúa. Centro da Galiza. Feiras días 8 e 22. 8 x 10,5 cm
Carta co presuposto
Unha das duas letras de cambio coas que se pagaron os adhesivos

Foto de mulleres na feira de Arzúa

Atopamos esta foto en pinterest coa lenda “Mulleres nunha feira en Arzúa”, non figura data nen fonte. Aparece sobreimpreso o texto www.folcloregalego.org, pero lamentablemente esta páxina web xa non está disponible, polo que non podemos tirar dela máis información. En outro sitio web (Historias de Ordes) aparece coa lenda “1920: na feira de Santiago”, o que da lugar á dúbida.

Descargar imaxen a máis resolución

ACTUALIZACIÓN: No grupo de Facebook “Ollar Galicia. Fotografía antiga” publicouse esta foto o 20 de xaneiro de 2022 con esta lenda:

Na feira en Arzúa (A Coruña) anos 20 primeira década dos 30
Ksado. No libro; Ksado Álbum. Centro de Estudos Fotográficos
Luis Casado Fernández (Ávila, 1887 – Santiago de Compostela, 1972)

https://www.facebook.com/groups/864290496922149/posts/7165922720092197/

O xesuíta Tirso González de Santalla na Arzúa do século XVII

O libro “Misiones del M.R.P. Tirso González de Santalla”, do sacerdote xesuíta Elías Reyero, editado en Santiago en 1913 narra as misións do tal Tirso González entre 1665 e 1686, partindo dunhos cadernos manuscritos. Polo que parece, estivo en Arzúa en duas ocasións, a primeira delas entre o xoves 3 e o sábado 10 de xaneiro de 1675, e narrouno así:

Teníamos determinación de volver de allí á Santiago á descansar algunos días; mas el día de año nuevo, después de haber predicado el último sermón y despedido la gente, me hallé sumamente movido á bajar de allí á Arzúa, distante cuatro leguas, por lograr el buen tiempo que Dios envió; y así lo ejecutamos. Fué año nuevo el martes, el miércoles confesamos la gente que había quedado, y el jueves por la mañana nos partimos acompañados de muchos Sres. Rectores de aquel partido, y de un hidalgo llamado D. Juan de Prado, que había asistido con toda su familia á la misión, y tiene su casa legua y media más abajo de Sobrado, muy cerca del camino de Arzúa. Fuimos á comer á su casa, y llegamos á Arzúa á las cinco de la tarde.

A nuestra llegada á Arzúa, afligiéronse algunos, viendo que ni teníamos posada ni comodidad; mas yo los desahogué diciendo, que presto nos sobraría todo, y que allí esperaba yo se había de hacer una gran misión, aunque no estaba publicada, por haber tomado la resolución de darla, después de terminada la de Sobrado el día de año nuevo.

Se nos pegó luego un escribano muy devoto, llamado Carracedo, el cual dispuso que la villa nos diese posada en casa de un hombre honrado, que vivía más abajo de la iglesia. Aquella noche nos dieron de cenar á cuenta de la villa; pero luego llovieron tantos presentes de varias partes, que tuvimos con que pasar sobradamente, y aun para repartir con la gente de casa y con algunos sacerdotes de fuera, que vinieron de Sobrado á vernos y ayudarnos á confesar. Los primeros días hubo pequeños auditorios, por no estar bastantemente publicada la misión, hasta que el domingo día de la Epifanía, fué corriendo la voz. Yo al principio estaba arrepentido de haber venido allí por no ir experimentando fruto muy crecido; mas presto me desengañé.

Hay en aquella villa el octavo día de cada mes una feria de grande concurso, de la cual yo no tenía noticia hasta que llegué á Arzúa; y en la feria fué adonde se dió un gran pregón por toda la comarca. El lunes,víspera de ella, hicimos el acto de contrición por las calles , al cual acompañaron muchos disciplinantes, sin haberles hablado palabra de disciplina. Con esto, y con haber sacado el día de la feria, en la plaza, el alma condenada, y contado el ejemplo de Pelayo, se cogió un admirable fruto. Antes del sermón, fui convocando la gente, por aquellos campos en contorno de la villa, adonde estaba el ganado mayor y el de cerda. Con esto concurrieron al sermón unas diez mil personas, y fué tan grande la cosecha, que cogimos innumerables peces grandes, y acaecieron muchos casos singulares, que quedan apuntados entre otro papel. Vinieron á confesarse muchas personas que eran de ocho y diez leguas, y algunas de la frontera de Portugal. Con ocasión también de la feria acudieron no pocas mujeres, extremadamente necesitadas de remedio, á quienes sus maridos no dejaban salir de sus lugares á confesarse.

Viendo á un niño desnudito, como un S. Juan, y abandonado, le subí al tablado del púlpito, y después de tocar un punto de limosna, dije si había quien quisiera vestir á Cristo en aquel pobrecito. En seguida levantó la voz un hidalgo rico, pidiéndole; y á este ejemplo se colocaron otros cinco ó seis niños, y una niña, que me pidió una señora. Hubo en Arzúa muchas restituciones, algunas de las cuales pasaron por mi mano, y los que las hicieron decían, que aunque se quedasen en la calle y pidieran limosna, querían restituir lo ajeno que poseían. Concurrió allí la mayor parte de la villa de Mellid, distante dos lenguas.

Fundóse en esta misión una numerosa y lucida congregación de la gente principal de la comarca, y después fuese aumentando mucho, llegando á tener más de ciento y tantos congregantes. Hicieron un cuadro grande de tres varas de alto y dos y media de ancho, con nuestra Sra. de la Concepción en medio, y á los lados S. Ignacio y S. Francisco Javier, y cada día, con el rosario que rezan, juntan un punto de meditación.

Antes de acabar la misión, hicieron su procesión de disciplinantes muy devota en que iban cantando los muchachos unas coplas de la pasión; y aunque nosotros dijimos, que más queríamos la disciplina en seco de medio cuerpo abajo, que la de sangre en las espaldas, no pudimos contener su devoción. Cuanto más adelantaba la misión más era la moción, é iba viniendo una gotera tan continuada de gente, que si no levantamos velas, tuviéramos allí qué hacer dos meses. Fué, pues, necesario cortar; y así salimos de allí el 19 de Enero, víspera de S. Fabián y S. Sebastián, llegando á descansar al colegio.De allí á la cuaresma, gasté el tiempo en hacer treinta y dos pliegos de adiciones al libro de los escotados; y otros ocho pliegos de una carta ó memorial á los Príncipes y Prelados, llenos de motivos para reformar este abuso.

A segunda vez que estivo en Arzúa, a finais do mesmo ano 1675 contouno así:

Con singular providencia de Dios, habiendo determinado pasar desde Sobrado á Santiago á descansar unos días, después de año nuevo, en que se acabó aquella misión; me hallé de repente movido á venir á Arzúa, tomando ocasión del buen tiempo que Dios nos envió. Fué esta traza de la divina providencia para la salvación de muchas almas; pues vinimos cuatro ó cinco días antes de una feria muy numerosa, que hay allí, el octavo día de cada mes. Muchas mujeres devotas casadas ó doncellas no las dejaban sus maridos ó padres, ir fuera á confesarse, diciendo que hartos clérigos tenían por allí, y con ocasión de esta fe podían ir lejos encontraron entonces el remedio, porque Dios se lo trajo cerca. En aquella feria fueron sin número los que se resolvieron á confesar sus pecados por haber visto el retrato del alma condenada, y oído el ejemplo de Pelayo; muchas de las cuales estaban en su imaginación totalmente desahuciadas del remedio que que venían á buscar de cuatro, cinco, seis y siete leguas.
Algunas veces me sucedió hallarme tan acosado y oprimido de la multitud de penitentes, que estaban sobre mí y no dejaban confesar, que con un género de impaciencia, y para ponerlos en razón me salí de allí huyendo del tropel; y Dios dispuso esto para que, al salir, me hablasen al oído algunos pecadores diciendo: Padre confiéseme, porque tengo un pecado gravísimo, que jamás he confesado, con que conociéndolos los llamaba. Una persona tan impedida, que tardó dos días en caminar dos leguas que había de su feligresía al lugar de la misión, tenía pecados horribles de sesenta y seis y setenta años atrás; y vino movido de la fama á buscar el remedio.

Yendo por un camino, y habiéndome apeado á hacer colación, me llamaron á confesar á una enferma. Era esta una doncellita de trece á catorce años, que estaba sobre unas pajas y muy en los extremos. Parece me llevó Dios allí para su salvación; pues no se atrevía á confesar con su cura, lo que había callado otras veces. En cierto lugar atajó la misión un grande escándalo, que estaba para suceder; porque un hombre tenía hecha llave falsa para entrar en un convento á comunicar deshonestamente á una persona, y vino movido de los sermones á confesarse conmigo, y no le quise absolver hasta que me trajera la llave, que estaba en poder de aquella mujer.

Notas históricas do partido xudicial de Arzúa

O 21 de novembro do ano 1931, o xornal “La Voz de Galicia” publicou o terceiro artigo da serie “Jurisdicciones de Galicia”, redactado por Heliodoro Gallego Armesto e titulado “Notas Históricas”. Reproducimolo a continuación integramente:

Las tierras de Arzúa, que en tiempos pretéritos formaron el extenso condado de Présaras, ofrecen una gran importancia histórica y lingüística, pues en ellas se encuentra una variedad hablada del gallego; una de las muchas modalidades dialectales de nuestro admirable idioma materno.

Sus primitivos habitantes dejaron interesantes grupos de “mámoas”, más de 300, entre las que destacan su interés la de los términos de Arzúa, Aveancos, Fanegas, Foxado, Furelos, Grijalva, Mellid, Pena da Lebre (Lardeiros), Santiso, Sobrado, Toques, Touro y el bien conservado “dólmen” de Bocelo.

Abundan también los “castros”, entre los que citaremos solamente los de Brañas (Toques), Campos, Cumbraos, coronado hoy por su iglesia, Mellid, Muradela, Remesende, Oleiros, Santa, Vilariño y Vimianzo.

Y aunque las operaciones de labranza alteraron en más o en menos el carácter y estructura de estas fortalezas prehistóricas, y la codicia de los eternos buscadores de pretendidos tesoros abrió y destrozó la mayoría de estos elocuentes testimonios de la numerosa población que habitó estos lugares en aquellos remotos tiempos todavía llegaron a manos de los pacientes investigadores modernos muchos objetos en ellos descubiertos, que acreditan esta comarca como una de las que más elementos han suministrado para el conocimiento de la historia de Galicia.

En “mamoas” y “castros” del partido judicial de Arzúa fueron encontrados cuchillos de silex, hachas y otras armas de piedra pulimentada; diversos objetos de la época del bronce y diademas y brazalete de oro.

De la edad antiguas consérvanse vestigios de la civilización romana también en varios lugares, especialmente en Ciudadela y Puente Punide, destacando entre ellos restos de cerámica toscamente trabajada a mano y un “modio”, usado para la medida de los áridos. También se conservan varios puentes de la misma época.

De los tiempos medioevales quedan interesantes ruinas de las fortalezas que sirvieron de base a las luchas señoriales de tan azarosa época y con ellas las de numerosas fundaciones monásticas, base de la cultura y distribución de la población, entre las que sobresalen las de Dormeá, Mezonzo, Sobrado y Toques.

Del monasterio de Dormeá de monjas benedictinas, fundado el año 1152 por la condesa Doña Loba, hija del conde Froilaz, y en el cual fué religiosa, queda solamente su iglesia románica de una nave con ábside rectángular.

El de Mezonzo, fundado en el siglo VII, tuvo por uno de sus abades a Pedro Martínez de Sobrado, quien en un momento de sublime inspiración compuso la Salve, la más bella de cuantas antífonas ideó el género humano en honor a la Madre de Dios, la más sentida y confortadora de todas las oraciones, en la que busca consuelo el ánimo afligido por las grandes tribulaciones de la vida.

Este abad fue más tarde obispo de Compostela con el nombre de San Pedro de Mezonzo. tosos (sic) tiempos en que Almanzor tomó la ciudad, destruyó su suntuosa iglesia, profanándola con varios actos, entre ellos dando de beber a su caballo en la pila bautismal y le arrebató sus campanas que hizo conducir a hombros de cristianos a Córdoba, para que sirviesen de lámparas en su mezquita. Canonizado, siglos después, este obispo, veneramos hoy su imagen en los altares con el nombre de San Pedro de Mezonzo.

El monasterio de Sobrado, fundado el año 752 por el obispo Sisnando de Iria, como benedictino y transformado en 1142 en cisterciense, llego a ser la casa más poderosa de esta Orden en España, acumulando tan importantes riquezas que le permitían alimentar a más de 80 frailes. Hoy, para ignominia y vergüenza de las generaciones que lo consintieron, está reducido a un informe montón de ruinas, y aunque en ellas desapareció por completo todo el resto de su primitiva fábrica, queda un poco de la posterior, que al permitir estudiar el neoclásico y barroco de nuestra tierra, convierte este lugar en punto obligado del turismo moderno.

Y por último, del de Toques, fundado el año 1060, queda solamente una interesantísima iglesia mozárabe.

El único convento habitado actualmente en el partido judicial de Arzúa, es el de Mellid.

En el siglo IX fueron derrotados los moros en Furelos, y en el mismo siglo Ramiro destrozó en Coirós a los normandos, que habían invadido el país.

Actualmente viven los arzuanos dedicados a la agricultura y ganaderia, explotando además la fabricación de manteca y ricos quesos. Abundan en la comarca los molinos harineros y funciona una fábrica de hilados y tejidos en Vilasantar.

El tráfico de sus productos ánima las concurridas ferias mensuales que se celebran en el partido y de las cuales son las más principales la de los días 5 en la Illana; el 8 y 22 en Arzúa; el 12 en Cumbraos y en Las Cruces de Sobrado; el 15 en Vilouriz; el 20 en San Saturnino (Cebreiro); el 24 la de La Lage (Armental); el 27 en El Pino y todos los primeros domingos en Mellid, Mezonzo y Sobrado.

Heliodoro Gallego Armesto

Cincuenta carlistas de a cabalo irrompen na feira

Segundo podemos ler na páxina 366 do xornal “El nacional: diario de la tarde” do 26 de abril de 1836, o día 8 de ese mes apareceron na feira os carlistas, polo camiño de Burres, e os soldados isabelinos enfrontáronse a eles. Na transcrición corriximos algún erro nos topónimos (Nellid por Mellid, Cotorbe por Cortobe). A nova di así:

El capitán general de Galicia con fecha 16 trascribe los partes que le han dirigido el brigadier don Francisco Ocaña, comandante militar del cantón de Mellid, y del que lo es del de Santiago. En el primero se le noticia que el capitán de cazadores de Castilla don Juan de Santos y Jimenez, hallándose en Arzúa con objeto de proteger la feria, se presentaron el día 8 por el camino de Burres unos 50 facciosos a caballo haciendo fuego, acompañado de la gritería de costumbre. Inmediatamente se dispuso á atacarlos, mandando al subteniente don Juan García Salas con una cuarta de compañía por la izquierda, al sargento segundo José López por el centro con una guerrilla, dirigiéndose el en persona con el resto de su compañía y comandante de Nacionales movilizados por la derecha con el fin de cortarlos. A distancia de un cuarto de hora la infantería rebelde, que se hallaba tras unos parapetos, rompió un vivo fuego, el que fue despreciado por nuestros valientes, que á pesar de ser un número muy inferior lograron desalojarlos y perseguirlos en su retirada hasta el lugar de Cortobe. El resultado de esta acción ha sido causarles 8 muertos que se vieron en el campo, sin otros, y los heridos que pudieron ocultar y llevarse, habiendo tenido por nuestra parte 2 heridos de gravedad y uno levemente. Se han distinguido particularmente el subteniente del regimiento de Castilla don Juan García Salas, el de igual clase de Nacionales don José María Salgado, los sargentos segundos José López y Francisco Piñeiro, los cazadores Manuel Santiago, Francisco Barreiro y Manuel Año, heridos, y F. Souto y los Nacionales Juan Soto y Francisco Gonzalez.

Caballería calista, 1837. Augusto Ferrer Dalmau

Unha feira en Arzúa nos anos 40

O 5 de decembro de 1945, na sección “Galicia próspera y fecunda” de “La Voz de Galicia”, A. Barreiro López escribe unha rica descrición do que era unha feira naquel tempo, e facilita datos concretos como que os visitantes ascendian a tres ou catro mil persoas, ou que había sobre mil trescentas cabezas de gando e maís de trescentos tenderetes de tecidos e quincalla.

Arzúa es de ordinario una villa apacible y tranquila a la que parecen sobrar, por esa quietud, la mitad de los comercios de todas clases, fondas, barberías, cafés, etcétera, que se van encontrando al paso por aquellas rúas. ¿Para qué tanto? nos preguntamos, al verlos vacíos, en las calles casi desiertas.

-Es que aquí —me dice mi acompañante— les basta con vender dos veces al mes. En cualquier otro lado, un comerciante para sostenerse, “para ir tirando” necesita vender todos los días algo. Aquí, con lo que se trabaja el 8 y 22 de cada mes, que son días de feria, no necesitan más. Esos dias se suda de firme, es verdad, pero con lo que les “entra” no sólo se defienden, sino que ganan dinero… ¡Mañana lo comprenderá usted todo, cuando vea lo que es una feria en Arzúa!

Empecé a darme cuenta de su importancia al entrar a cenar en “Casa de Juana”, la fonda más popular no sólo de Arzúa sino de varias leguas a la redonda. El espacioso comedor y sus locales adyacentes estaban llenos: no había una mesa libre salvo la que nos habían reservado.

Los comensales eran todos “tratantes” de ganado mular y caballar. Enfundados en largas blusas negras con sombreros del mismo tono. En nada se diferenciaban salvo en el acento: los había salmantinos, vallisoletanos, granadinos, zamoranos, murcianos, etc.; creo que estaban representadas la mayoría de las provincias. Aquella oscuridad de las blusas absorbía mucha luz y el comedor tenía un aspecto fúnebre; la batahola de los diálogos alegraban, no obstante aquella penumbra.

Al observar la mesa de en medio donde comían, calado el sombrero, varios de los “enlutados” a los que iluminaba de lleno la lámpara central, me pareció un momento cuando uno de ellos blandía un tenedor para pinchar algo, que tení ante mí el famoso cuadro “Lección de anatomía”, de Rembrandt.

—Son ganaderos, ¿sabe?, me decía solícito más tarde don Celestino, propietario de la fonda. Le vienen de todas partes de España a comprar muías y caballos para vender después en Castilla. Estas ferias empiezan ahora y terminan para febrero. Son, con las de Monterroso, las más importantes de Galicia. ¡Ya verá mañana!

Y la mañana llegó. Al clarear el día me despertaron los bocinazos y los cláxons estridentes de los camiones y autobuses que abarrotados arribaban trepidantes a la villa. Cuando bajé, la fonda era un hervidero de gente. Los “enlutados” habían aumentado de modo alarmante y trabajo me costó ganar la puerta de la calle. Los coches de Santiago, Nóya, Betanzos. La Coruña, Lalín. Melllid, Curtis, etcétera, se alineaban a lo largo de la carretera contigua al campo de la feria y las calles se poblaban de “paisanos” que llegaban por todas partes. La sosegada villa de Arzúa estaba desconocida.

En el terreno magnífico de la feria —casi un kilómetro de longitud, cubierto de viejos robles y castaños centenarios— todo era bullicio, actividad, dinamismo. Se levantaban en un santiamén tenderetes de !a más variada traza. Cada vendedor arreglaba afanosamente su puesto o buscaba acomodo para exponer los géneros.

Me aconsejaron que no entrase en el campo para dar tiempo a ultimar tanto preparativo. Deambulé ua rato por las calles, espléndidas de sol y cada vez, más llenas de público, y pude, notar que los comercios, en otros días vacíos, estaban ahora rebosantes.

Fui, al fin. a la feria. Hice entrada por los puestos de quesos. Allí estaban atrayentes las famosas y riquísimas “tetillas” de la Illana, Vilasantar, la Castellana. Curtis y Arzúa. Alegraba los ojos ven tanta abundancla y diversidad de formas y tamaños. Los compradores de fuera, que eran muchos, romana en mano pesaban y pedían precio. A la noche vi camiones enteros cargados de cajas de quesos que llevarían sabe Dios a dónde…

Seguían después los puestos de pollos y gallinas; eran innumerables las aldeanas que los ofrecían al paso. A un lado destacaba la alfarería de Buño, “cuncas”, jarros, fuentes, ollas. Mellid estaba representado con un gran “stand” de “zocos” del país, para todos los pies… Trescientos y pico eran los tenderetes de tejidos y quincalla, algunos tan bien surtidos que muchos de sus efectos y artículos no los vemos en los establecimientos coruñeses. Todos estos “comercios” tienen su clientela y todos venden. La ferretería con su diversidad de objetos estaba también presente. En otros lados, cestas de huevos, manteca. Y en el centro del campo vacas, cabras, carneros, cerdos. No faltaban guarniciones, ni “la suerte del pajarito”, ni el charlatán que vendía relojes y paraguas, ni los que hacían ante su numeroso auditorio los más extraños experimentos con los que conseguían al fin, que picase la gente…

A un lado, abarcando el ferial de extremo a extremo, se juntaba el ganado caballar y mular. ¿Cuánto habría allí, santo Dios? Dijéronme que alrededor de mil trescientas cabezas. Apenas si se podía andar. El que me acompañaba, avezado a estas cosas, avanzaba sin embargo tranquilo, separando las mulas y hasta sacudiéndoles en las ancas para abrirse paso. Yo que iba detrás, no las tenia todas conmigo.

De las tierras montañosas de Lalín, Chantada, Arzúa, Monterroso y Mellid, abundantes en caballos y muías traen a estas ferias arzuanas mucho ganado. Los caballos del país de fea estampa y poca alzada, son en cambio fuertes y resistentes para el trabajo y apropiados para los malos caminos. Se explica que tengan mucha aceptación por ahí adelante, pagándose por ellos sumas increíbles.

Un grupo alrededor de un caballo me llamó la atención y me acerqué. Llegué en el mismo momento en que un chalán gallego, también de blusa negra, le asía la mano derecha a un “tratante” andaluz y se la alargaba hacia el paisano que vendía. Al mismo tiempo trataba de coger la mano de éste para que se la estrechase al otro.

—¡Dalle a man, coma un caballero, codio!. clamaba.
—¡No dou n’ese precio, hom!. decía el otro tratando de retirar el brazo.
—¡Me valja Dios… Non me deixes quedar mal. Manoel!… ¡Van vlntaoito mil reás…!
—Non feireo, contestó cacharudo el otro.

El andaluz. Intranquilo y molesto ya, de tener tanto tiempo estirado el brazo, exclamó resuelto a su “intérprete”:
—¿Pero qué dise er tío ese? ¡Mira que es grande esto que no nos entendamos siendo todos españoles!

No sé en que paró aquello.

Pregunté más tarde a personas enteradas qué valor en venta tendría el ganado mular y caballar que acudió a la feria y me dijeron que sobre diez millones de pesetas. Y que las transaccones habidas habían pasado del millón y medio. Agregad a esto lo que se vendió en vacuno y porcino; en tejídos, en quesos, etc., y lo que las tres o cuatro mil personas “llegadas de fuera” comieron y bebieron, en figones, fondas y cafés y tendréis la explicación exacta de por qué al comercio de Arzúa. para ganar dinero, le bastan dos días al mes.

A. BARREIRO LOPEZ.